miércoles, mayo 06, 2009

Peste alta

Escribir a pesar de todo, a pesar de lo mundano que se empeña en inundar nuestro cerebro. A pesar del vacío de un día ocupado en hacer nada, cuando nada es igual a cálculos mentales, a estrategias militares de oficina, con soldados plomizos y cansados de que una mayúscula duela en los oídos como un grito, de luchar por no ser ellos mismos, por hacerse respetar si no hay respeto en las exclamaciones. Y se encuentran extraños en el cuerpo de tierra. Y por la noche cogen un bolígrafo azul mar de las profundidades y se dejan llevar hacia una isla, en la que han quedado con su amada, esa parte del cuerpo que aún es tierna, y que en ternura se siente protegida. Tan a gusto junto a un cuerpo que es el propio, o el de otro a quien llovieron de caricias. Y están tan lejos de la nada, y tan cerca del todo, que les da pereza la mañana, regresar en una barca con dos ruedas al campo de morralla, sin más esperanza que encontrar pronto un adosado algo más cerca de la isla. Se dispone a dormir aquí por otro día. Peste alta.

1 comentarios:

Marga dijo...

¡Qué grande eres!